Capitulo III:
Iva!.... grito enormemente
la señora Veronka, al despertar a todos sus menores que estaba durmiendo a lado
de ella, con la respiración y el sofoco de una terrible pesadilla que estaba
teniendo con su hija, no podía creérselo que fue corriendo a su cuarto a
buscarla, pero todo era parte de la realidad, era cierto, se la habían llevado
unos malhechores con que intenciones. Su desaparición en el edificio no fue la única, también yacía
desaparecido una muchacha de 22 años
llamada Katrina, dos días antes de lo de
Iva; al parecer no era huésped del legendario edificio antiguo y húmedo, pasaba una tarde por allí y fue
asaltada y raptada por esa misma furgoneta, de las cuales Zedka e Iva fueron testigos de un punto
visual muy lejano al lugar de los hechos.
La señora Veronka fue muy temprano
a llevar a sus hijos a la escuela, - esta vez no quería separarse de ellos
nunca más, le bastaba que a su hija se la llevaran como para perder otro- , luego
continuo a la comisaria a investigar sobre el paradero de Iva, al no encontrar
ninguna respuesta positiva se marchó a casa a llorar desconsoladamente sin que
nadie la viese, admirando sus vestidos que Iva tenía en su cuarto.
Iva por otro lado tenía una bolsa
negra de tela gruesa que cubría su rostro, atada de manos y pies con una cadena
ancha sobre una barandilla de metal en una habitación oscura desolada que
contaba con una silla y un hueco en medio para que haga de retrete con un balde
metálico debajo y así depositara sus necesidades. Ella se despertó después de muchas
horas sedada, con los cabellos negros largos se ahogaba dentro de esa bolsa. Solo
atinaba a balbucear sin algún sentido, soplaba y soplaba la bolsa como queriendo
buscar aire, grito como expulso de su terror ensimismado, bajo un hombre fortachón
de más de 2 metros de altura pelón, quien le retiro la bolsa negra y la
abofeteo soñándola de un solo golpe.
Zedka tenía un temor por salir a
la calle que ese día falto a la escuela, su mama sentía que estaba enferma ya
que el terror de no ver a su amiga y que se la llevara fue algo muy fuerte, sin
embargo decidió escribir unas letras en un cuaderno viejo para que no se le
olvidara nada desde esos días que fue espectadora de como esa furgoneta se
llevaba a muchas personas día por día.
Eran las 4 de la tarde en la
ciudad friolenta de Ljubljana, en un distrito alejado del centro, unos
edificios abandonados de tras de la fábrica oxidadas, una comunidad de
refugiados y expectorados de sus orígenes, daba rumbo la policía, rondando por
todas partes, para ver si daba con el paradero o algún sospechoso en la zona;
encontraron a un hombre de atuendo negro de los pies a la cabeza con aspecto
maltratado y mirada perdida, un drogadicto al parecer, se detuvieron y le
hicieron un par de preguntas hasta forcejearlo a que hablara ya que este se resistía,
la policía puso de lo suyo para poder
intentar sacar información donde vivía y que hacia sentado en la nieve
acompañado de un barril de basura echando fuego para calentarse, se trataba nada menos de un ex militar retirado
y expulsado de la ex unión soviética, indigente y de malos vicios. Lo soltaron y se marcharon a
seguir su ronda por todo el perímetro del edificio.
Zedka fue en busca de alguna
pista por la calle donde abordaron a su amiga y la tienda donde ella compro los
cigarros, preguntando en horas de la
tarde, nadie vio pasar a ninguna furgoneta por esos lares, caminando y en la
orilla de la acera que daba la curva para la otra calle hallo la cadenita de su
amiga que tenía un crucifijo que su madre de Iva le había regalado en su último
cumpleaños. Lo dedujo que era de Iva porque siempre lo traía consigo. Se lo metió al bolsillo y se marchó a
casa a seguir escribiendo sobre un dato más, pero en ese entonces caminaba a paso largo, en una avenida cerca
de la calle que giraba encontró aquella furgoneta negra extraña rondando como
si quisiera otra presa para secuestrarla, la vio y se dio media vuelta, se escondió
en uno de los muros y no se despegaba sin saber otra hazaña de aquellos
hombres. Fue entonces cuando paso una muchacha de cabellos castaños alta
delgada con una sacón rojo y botas negras, paso por el lado de la furgoneta que
se hacía pasar como si estuviese estacionada, y por detrás salieron dos hombres
fornidos y le taparon con una bolsa negra la cabeza de la muchacha y se la
llevaron, el grito de aquella no era tan alto porque no le dio tiempo a
reaccionar. Zedka, atendió a seguirlos y correr detrás de la furgoneta para
poder memorizar la placa y doblar en la siguiente esquina.
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