miércoles, 25 de enero de 2017

"MALOS PASOS"          Por:   Olav Alcántara.

Capitulo III:
                    Iva!.... grito enormemente la señora Veronka, al despertar a todos sus menores que estaba durmiendo a lado de ella, con la respiración y el sofoco de una terrible pesadilla que estaba teniendo con su hija, no podía creérselo que fue corriendo a su cuarto a buscarla, pero todo era parte de la realidad, era cierto, se la habían llevado unos malhechores con que intenciones. Su desaparición  en el edificio no fue la única, también yacía desaparecido  una muchacha de 22 años llamada Katrina,  dos días antes de lo de Iva; al parecer no era huésped del legendario edificio antiguo y  húmedo, pasaba una tarde por allí y fue asaltada y raptada por esa misma furgoneta, de las cuales  Zedka e Iva fueron testigos de un punto visual muy lejano al lugar de los hechos.
La señora Veronka fue muy temprano a llevar a sus hijos a la escuela, - esta vez no quería separarse de ellos nunca más, le bastaba que a su hija se la llevaran como para perder otro- , luego continuo a la comisaria a investigar sobre el paradero de Iva, al no encontrar ninguna respuesta positiva se marchó a casa a llorar desconsoladamente sin que nadie la viese, admirando sus vestidos que Iva tenía en su cuarto.

Iva por otro lado tenía una bolsa negra de tela gruesa que cubría su rostro, atada de manos y pies con una cadena ancha sobre una barandilla de metal en una habitación oscura desolada que contaba con una silla y un hueco en medio para que haga de retrete con un balde metálico debajo y así depositara sus necesidades. Ella se despertó después de muchas horas sedada, con los cabellos negros largos se ahogaba dentro de esa bolsa. Solo atinaba a balbucear sin algún sentido, soplaba y soplaba la bolsa como queriendo buscar aire, grito como expulso de su terror ensimismado, bajo un hombre fortachón de más de 2 metros de altura pelón, quien le retiro la bolsa negra y la abofeteo soñándola de un solo golpe.

Zedka tenía un temor por salir a la calle que ese día falto a la escuela, su mama sentía que estaba enferma ya que el terror de no ver a su amiga y que se la llevara fue algo muy fuerte, sin embargo decidió escribir unas letras en un cuaderno viejo para que no se le olvidara nada desde esos días que fue espectadora de como esa furgoneta se llevaba a  muchas personas día por día.

Eran las 4 de la tarde en la ciudad friolenta de Ljubljana, en un distrito alejado del centro, unos edificios abandonados de tras de la fábrica oxidadas, una comunidad de refugiados y expectorados de sus orígenes, daba rumbo la policía, rondando por todas partes, para ver si daba con el paradero o algún sospechoso en la zona; encontraron a un hombre de atuendo negro de los pies a la cabeza con aspecto maltratado y mirada perdida, un drogadicto al parecer, se detuvieron y le hicieron un par de preguntas hasta forcejearlo a que hablara ya que este se resistía, la policía puso de lo suyo para poder  intentar sacar información donde vivía y que hacia sentado en la nieve acompañado de un barril de basura echando fuego para calentarse, se  trataba nada menos de un ex militar retirado y expulsado de la ex unión soviética, indigente y de  malos vicios. Lo soltaron y se marcharon a seguir su ronda por todo el perímetro del edificio.


Zedka fue en busca de alguna pista por la calle donde abordaron a su amiga y la tienda donde ella compro los cigarros,  preguntando en horas de la tarde, nadie vio pasar a ninguna furgoneta por esos lares, caminando y en la orilla de la acera que daba la curva para la otra calle hallo la cadenita de su amiga que tenía un crucifijo que su madre de Iva le había regalado en su último cumpleaños. Lo dedujo que era de Iva porque siempre lo traía  consigo. Se lo metió al bolsillo y se marchó a casa a seguir escribiendo sobre un dato más,  pero en ese entonces  caminaba a paso largo, en una avenida cerca de la calle que giraba encontró aquella furgoneta negra extraña rondando como si quisiera otra presa para secuestrarla, la vio y se dio media vuelta, se escondió en uno de los muros y no se despegaba sin saber otra hazaña de aquellos hombres. Fue entonces cuando paso una muchacha de cabellos castaños alta delgada con una sacón rojo y botas negras, paso por el lado de la furgoneta que se hacía pasar como si estuviese estacionada, y por detrás salieron dos hombres fornidos y le taparon con una bolsa negra la cabeza de la muchacha y se la llevaron, el grito de aquella no era tan alto porque no le dio tiempo a reaccionar. Zedka, atendió a seguirlos y correr detrás de la furgoneta para poder memorizar la placa y doblar en la siguiente esquina. 

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